
La noche del 1° de noviembre, las calles de Berna volvieron a temblar, no por ruido, sino por la irrupción delicada y poderosa de una comparsa performática curada por BVREVA, construida en colaboración con artistas escénicos y diseñadores de máscaras de México y Europa.
La comparsa de este año no fue una repetición del 2023: fue una nueva obra viva.
Más cercana al teatro ritual que al desfile tradicional, integró máscaras contemporáneas hechas con materiales reciclados, cuerpos en cámara lenta, música de lamento y poesía oral.
Esta pieza —ensayada previamente como si fuera una coreografía callejera— planteó una reflexión sobre la muerte global, los cuerpos migrantes y la presencia de los ausentes.
El público no fue espectador: fue testigo de una escena liminal donde la tradición y la contemporaneidad se abrazaron sin pedir permiso.
BVREVA documentó la acción como parte de su programa de arte vivo y curaduría en movimiento, y ya prepara una publicación sobre la experiencia.
